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Revista de Arte del Siglo XXI de Iberoamérica y del Mediterráneo
Estética y fe 4 de octubre de 2026
Estética y fe

León XIV a los artistas: entre el arte y la imagen generada por IA hay «una diferencia ontológica».

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El Papa recibió el 2 de octubre en el Palacio Apostólico a los artistas y comisarios que colaboran con la Santa Sede, citó su encíclica Magnífica Humanitas y propuso una alianza «para custodiar lo humano».

El pasado viernes, 2 de octubre, en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico, el Papa recibió a los artistas y comisarios que trabajan con el Dicasterio para la Cultura y la Educación, en un encuentro con título en inglés, «The Art of Possibility: Weaving Together». El dicasterio lo dirige desde septiembre de 2022 el cardenal José Tolentino de Mendonça, y con él la Santa Sede ha llevado dos pabellones seguidos a la Bienal de Arte de Venecia: el de 2024, en la cárcel de mujeres de la Giudecca, que Francisco visitó el 28 de abril de aquel año, y el de 2026, «The Ear is the Eye of the Soul», de Hans Ulrich Obrist y Ben Vickers con Soundwalk Collective, con veinticuatro artistas, Brian Eno y Patti Smith entre ellos. El Papa citó el lema de ese pabellón, que viene de santa Hildegarda de Bingen: el oído es el ojo del alma.

León XIV habla a los artistas y comisarios reunidos por el Dicasterio para la Cultura y la Educación en el Palacio Apostólico, el 2 de octubre de 2026. Foto: Vatican Media.
León XIV habla a los artistas y comisarios reunidos por el Dicasterio para la Cultura y la Educación en el Palacio Apostólico, el 2 de octubre de 2026. Foto: Vatican Media.

Luego habló de la máquina. Habló de «esta era de la inteligencia artificial, en la que se vuelve urgente distinguir el arte humano de aquello que producen las máquinas», y dijo dónde estaba la frontera: «Existe una diferencia ontológica, incluso antes que estética, entre el arte y aquello que una máquina puede generar mediante un cálculo estadístico a partir de millones de imágenes ajenas». Después añadió una frase corta. «A los algoritmos les falta la chispa de lo humano». La frase sale del número 122 de su primera encíclica, Magnifica humanitas, firmada el 15 de mayo de 2026, donde se lee esto: «La cultura y el arte, cuando son auténticos, custodian esta chispa, impidiendo la normalización del mal». El mismo número reconoce en algunas obras «un valor casi profético» y pone ejemplos, entre ellos el «Guernica», como denuncia de la deshumanización, y la «Novena Sinfonía» de Beethoven, como deseo de unidad.

Boris Eldagsen, «The Electrician», de la serie «Pseudomnesia», 2022, imagen cocreada con DALL·E 2. Ganó en 2023 la categoría creativa del concurso abierto de los Sony World Photography Awards; su autor rechazó el premio.
Boris Eldagsen, «The Electrician», de la serie «Pseudomnesia», 2022, imagen cocreada con DALL·E 2. Ganó en 2023 la categoría creativa del concurso abierto de los Sony World Photography Awards; su autor rechazó el premio.

En el número 122, leído entero, la chispa nace de otra cosa. El párrafo habla de la finitud. Dice que el ser humano, «precisamente porque experimenta el límite», puede reconocer la dignidad propia y ajena y reconocer la injusticia como escándalo. Ese es el mejor argumento que tiene León XIV, mejor que la estadística. Una máquina no tiene límite que aceptar ni fracaso del que aprender. En la encíclica, el arte guarda esa chispa para que el mal no se vuelva costumbre, y el viernes el Papa la sacó de ahí y la puso a pelear con las máquinas. El traslado aguanta mejor que la fórmula de la diferencia ontológica.

El Gernica de Picasso en el MOMA, NYC.
El Gernica de Picasso en el MOMA, NYC.

La imagen más útil del discurso es otra. «El arte es otro tipo de “motor de búsqueda”. No procede mediante la indexación, sino mediante la interrogación». Un buscador devuelve lo que ya existe, ordenado por relevancia. Un generador de imágenes hace lo mismo y le da una mano de barniz. Una obra hace una pregunta que no estaba en el archivo. Unos párrafos antes, el Papa había dicho que el arte, «como una antena, capta las grandes preguntas del corazón humano». Pocos ingenieros han explicado el mecanismo con tan pocas palabras.

El argumento se sostiene. Una obra la hace alguien que responde de ella, y un generador entrega el promedio probable de lo que hicieron otros, y de ese promedio no responde nadie. El problema es práctico. La diferencia es ontológica precisamente porque no se ve. En 2023 el alemán Boris Eldagsen ganó la categoría creativa del concurso abierto de los Sony World Photography Awards con «Pseudomnesia: The Electrician», una imagen generada con inteligencia artificial. La organización dice que él había confirmado antes del fallo una cocreación con IA; él rechazó el premio y abrió el debate. El ojo no distingue el ser de una imagen. El Reglamento europeo de inteligencia artificial, (UE) 2024/1689, cuyas obligaciones de transparencia rigen desde el 2 de agosto de 2026, exige a los proveedores de sistemas generativos que marquen sus resultados de forma legible por máquina, y a quien difunde ultrafalsificaciones, que lo advierta; cuando forman parte de una obra manifiestamente artística, creativa, satírica o de ficción, basta un aviso que no estorbe la contemplación. Es justo el terreno donde el Papa pide distinguir. Para distinguir hacen falta instrumentos, y los instrumentos no salen de una encíclica.

Capilla Sixtina. Roma.
Capilla Sixtina. Roma.

Lo nuevo es el adversario. El precedente de siempre es la misa que Pablo VI celebró con los artistas el 7 de mayo de 1964 en la Capilla Sixtina, y de aquella homilía León XIV tomó una frase: «Tenemos necesidad de vosotros». Juan Pablo II firmó su «Carta a los artistas» el 4 de abril de 1999. Benedicto XVI reunió a los artistas bajo el «Juicio Final» de Miguel Ángel el 21 de noviembre de 2009, y Francisco hizo lo mismo el 23 de junio de 2023. Ninguno de los textos anteriores a 2023 tenía enfrente una máquina capaz de hacer imágenes sin autor.

El Papa dijo también que «la Iglesia nunca ha considerado el arte como un accesorio». La frase vale para los grandes encargos. En una parroquia corriente no aguanta el inventario. Quien haya revisado los fondos de estampa devocional del siglo XIX, o las escayolas de catálogo que llenaron los altares de media Europa en la segunda mitad de aquel siglo, sabe que la Iglesia compró imagen seriada y decorativa por toneladas, y que aquella producción ya era un promedio. O quizá era algo peor, un promedio con pretensiones. La máquina estadística hereda una costumbre antigua.

Hildegarda de Bingen recibe la luz del cielo y anota su visión en una tablilla de cera, junto al monje Volmar. Frontispicio del «Scivias», códice de Rupertsberg, siglo XII.
Hildegarda de Bingen recibe la luz del cielo y anota su visión en una tablilla de cera, junto al monje Volmar. Frontispicio del «Scivias», códice de Rupertsberg, siglo XII.

El 8 de mayo, el Vaticano puso en circulación un sello por el primer aniversario de la elección de León XIV, con una pintura del malagueño Raúl Berzosa en la que el Papa aparece junto a la Virgen del Rosario de Pompeya. Se imprimieron 45.000 ejemplares, a 1,35 euros cada uno. Berzosa dijo a ACI Prensa: «La IA por supuesto que no siente y no vive lo que representa». Casi cinco meses después, el Papa dijo lo mismo con palabras de metafísica.

Ludwig van Beethoven, «Novena Sinfonía» en re menor, op. 125: partes autógrafas de trombón para los movimientos segundo y cuarto, hacia abril o mayo de 1824. Beethoven-Haus Bonn, colección H. C. Bodmer, HCB Mh 28.
Ludwig van Beethoven, «Novena Sinfonía» en re menor, op. 125: partes autógrafas de trombón para los movimientos segundo y cuarto, hacia abril o mayo de 1824. Beethoven-Haus Bonn, colección H. C. Bodmer, HCB Mh 28.

En la recta final del discurso llegó la propuesta: «la Iglesia desea renovar con los artistas y con las instituciones culturales una alianza: una alianza para custodiar lo humano». Después recordó lo que había dicho en la UNESCO, dio las gracias y los bendijo.

Francis Bacon. Estudio según el Retrato del Papa Inocencio X de Velázquez (1953).
Francis Bacon. Estudio según el Retrato del Papa Inocencio X de Velázquez (1953).
Diego Velázquez. Retrato de Inocencio X. Roma, 1650 aprox.
Diego Velázquez. Retrato de Inocencio X. Roma, 1650 aprox.